Wednesday, December 1, 2021

De brazaletes y jeringas

Querida Brígida: 

 

Lamento no haberle escrito antes. Los trabajos han estado consumiendo la mayor parte de mi día, contrario a todo pronóstico. Me pregunto si el más optimista del equipo hubiese esperado encontrar algo más que restos de barcos herrumbrados, en una zona sureña cuya bahía sugiere que aquí se encontraba un puerto. Nada estaba más alejado de la verdad. En la mañana del lunes de la semana pasada, un objeto de las más curiosas características despertó nuestra adormecida curiosidad. Se trata de un artefacto rectangular y alargado, con dos cuerdas, prendidas a los costados más cortos. La abundancia de estos objetos, aunque la mayoría se conserve en pésimo estado, ha despertado gran interés y debate dentro del equipo. 

 

Aurelia, que reluce por su juventud e inexperiencia, sugirió que el objeto podría haber sido utilizado sobre la boca y nariz de los habitantes de este lugar. La noción fue descartada de plano. Los primates que dominaban estas tierras durante el período en cuestión, no exhibían rasgo rectangular, ni prismático siquiera, cerca de sus órganos de masticación y respiración. No descartamos, dada la forma de los huesos que formaban las extremidades de los individuos, que el objeto podría haber sido colocado en algún sector periférico de sus cuerpos, como sus brazos. Le envío una muestra adjunta a la carta por si a usted, dada su experiencia en el rubro, le gustaría ayudarnos en esta pequeña disputa. De momento llamaremos al artefacto “Brazalete”. 

 

Otro elemento, sin duda curioso, es la presencia de los otros artefactos que acompañan a Brazalete en el sedimento. Estos, además de lo que uno esperaría para la zona, incluye un número cuantioso de jeringas. Afortunadamente, sí conocemos de antemano el uso de estas, por lo que eso no es un misterio, aunque sí lo es su relación innegable con Brazalete. Otra vez debo comentarle, a modo de observación y preocupación, las teorías alocadas de la joven Aurelia. Esta afirma que las jeringas deben haber ayudado a implantar en el primate un mecanismo de protección frente a una enfermedad contagiosa, transmisible mediante los orificios craneales de los especímenes. En su delirio juvenil, conecta sus balbuceos con la idea de Brazalete como algo para el rostro. Si bien aún no hemos llegado a un consenso, más allá del de rechazar esta absurda hipótesis, es mi opinión que las jeringas habrían cumplido un rol de ataque, apoyado por el uso de Brazalete en las extremidades como una forma de protección o defensa. Es posible que una criatura externa haya atacado ferozmente al primate durante esta era. Aún así, la cuestión sigue sobre la mesa.

 

Otro elemento evidente, que parece desprenderse de nuestros hallazgos, es el colapso total de la urbe posterior al evento traumático. En el sedimento más superficial, o sea posterior en el tiempo a nuestros hallazgos, desaparecen abruptamente Brazalete, las jeringas y toda evidencia de actividad industrial. Si nuestras presunciones acerca de la naturaleza del primate en cuestión son ciertas, es llamativo que su civilización se haya obliterado de esta manera ante un evento de este tipo. Por lo tanto, si usted puede proveernos de alguna dirección por la que seguir con nuestro razonamiento, será bienvenida. 

 

Por último, es imperativo comentarle sobre nuestro hallazgo más reciente, que ha dejado en vilo al equipo, además de ciertamente desconcertado. Varios metros avanzada la excavación (o sea, retrocedido en el tiempo), dejando atrás al evento previamente mencionado, nos hemos encontrado con otro pico en la incidencia de aparición de Brazalete, acompañado también por una cantidad nada despreciable de jeringas. Algo que considerábamos un evento excepcional, aislado, resultó no serlo. Es por demás curioso que este primer acontecimiento catastrófico no haya causado el fin de estas poblaciones, dada la repercusión del segundo. Entrando en el terreno de la especulación, pero apoyada por años de experiencia en el rubro, parecen haber existido distintas formas de lidiar con eventos adversos en las poblaciones del recóndito sur. Es de esperar que el primer evento haya desencadenado una fuerte respuesta, apoyada en una estrecha cooperación y coordinación de los pobladores ante semejante desastre. El éxito en superar el primer gran desafío, lejos de asegurar la victoria en el segundo, podría haber llevado a los habitantes a fracturarse en los grupos tribales habituales, llevando a mayor confrontación entre los pobladores, que últimamente terminaron siendo arrasados por cual fuera que haya sido la catástrofe que se repitió un tiempo después. Repito, esto sigue siendo reflexión pura, y no está cerca de ser infalible nuestro método inferencial. En lo personal, continúo dudoso y espero con ansias su respuesta, ya que nuestras hipótesis distan de ser concluyentes. Después de años habiendo estudiado al primate, uno no puede evitar preguntarse si no lograron aprender nada. 

 

Le saluda atentamente,

Eustaquio.


Cuentos de la "post-pandemia" (I)

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