El anciano estaba sentado tranquilamente en su silla mecedora. El fuego de la estufa flameaba con fuerza y protegía a todos del frío invierno. Un grupo de adolescentes, sentados formando un semicírculo, admiraba con ojos brillosos al abuelo y aprontaban los oídos para otra de sus historias de antaño. Luego de carraspear, comenzó con su relato espontáneamente, como era la costumbre.
- “Hace muchísimos años, cuando yo era joven, tuvimos que vérnoslas con el famoso coronavirus. ¡Una cosa de locos! No saben lo que fue. Realmente, no lo saben. Aquello empezó como empiezan esas cosas, vieron, como un susto nomás. Al principio parecía que era algo de los chinos o de un murciélago, ¡yo qué sé! Pero después llegó nomás. Y eso que parecía que a Uruguay nunca llegaba nada. Los viejos de aquella época decían cosas del cólera y qué sé yo qué más. Luego tuvimos que ponernos todos algo arriba de la cara, ¿cómo era esto? Tapaboca’. Eso mismo, tapaboca’. ¡Y no saben cómo jodía eso! Todo el día, pa’ todos lados con el coso ese puesto. Imposible respirar, imposible hacer nada tranquilo sin el tapaboca’. Vieron cómo era el asunto, antes todo era más complicado porque andar con el tapaboca’ no era changa, no señor. No se podía salir mucho tampoco. Esto, como estamos todos así ahora, no se podía, ¡de ninguna manera! Eso que ustedes hacen que ven a sus amiguitos, que van al liceo, nada se podía hacer. Y los que eran viejos como yo, ¡bien guardaditos! No hubiesen podido ver a su abuelo, como ahora que están conmigo. Estaba todo cerrado, no había ni papel higiénico, apenas había comida en los súper, ¡qué tiempos aquellos! Ustedes la tienen fácil, sí señor. Nos quedamos sin cine, sin carnaval, sin conciertos, ¡hoy tienen todo! No saben el miedo que había, tampoco. Y eso que los científicos de antes eran más duchos, no como los de ahora, pero igual era difícil. Agradezcan que viven en estos tiempos y no en aquellos. ¡Madre mía aquellos! Bueno, y luego llegaron las vacunas. Nos salvaron los extranjeros nomá’. Los chinos, de donde había salido el virus, también trajeron la salvación con su vacuna. También vino otra que era gringa y alemana. ¡Los pinchazos que había que darse! Y ahí no había tu tía, había que poner el brazo y pa’dentro la vacuna. Y ustedes que desde niños lloran por cada pinchacito, imagínense cómo era antes la cosa. Meta meta pinchar. Y luego te quedaba el brazo bien duro. Te daba fiebre, te dolía todo el cuerpo. Me acuerdo un amigo mío, Juan, que en paz descanse, todo el día tirado estuvo después de uno de esos pinchazos. Y ni que hablar de las agujas, ¡no eran como las agujas de ahora! Ahora es fácil, me lo doy por diversión igual el pinchazo, pero aquellas, no saben lo que eran. Pero bueno, ¿de qué me quejo? Eso nos salvó, al fin y al cabo. Y miren que duró eso. Porque al principio eran dos dosis, luego tres, después cuatro, hasta que al final había que dársela cada tanto nomás. Pero bueno, con eso se terminó la pandemia. Y ustedes saben que la gente no aprendió nada nomás. Pasaron los años y como no había más casos, no había que usar más el tapaboca’, dejaron de dar las vacunas, nos relajamos nomás. Todo lo que habían dicho, que había que prepararse por si venía otra, tener todo más o menos pensado, no se hizo nada. Fíjense que había que dejar solos a los murciélagos y a los otros animales, ¡y no hicieron nada! Era de lo más importante, porque es de ahí que sale el virus, al fin y al cabo. No sale del aire, sale de ahí de los animales. Y no es culpa de ellos, no, somos nosotros que siempre nos estamos metiendo donde no se debe, hasta el día de hoy te digo. De eso no hemos aprendido nada. Y el virus nos mostró también cómo se podía estar sin contaminar, pero tampoco le dimos bolilla y hoy se ven las consecuencias. Si habrán cambiado las cosas luego de la pandemia. No cambió todo, todo, pero sí hubo cosas que pasaron a ser diferentes. ¡Nadie comparte más el mate! Vieron, que sus papás, la abuela y el abuelo tenemos cada uno su mate. Culpa del virus. Pasamos a juntarnos más usando el “zoom”, una cosa anticuada para las que hay ahora, en vez de cara a cara. Y esto que pasa ahora que todo es tecnología, en mi época ya había empezado, pero tuvo que acelerarse mucho con el tema del virus. Igual, miren que fue bravo, en serio. Mucha gente, que en paz descanse, quedó por el camino. Y eso no se supera así nomás, no. Todos los que quedamos, por un largo tiempo tuvimos que bancarnos la cabecita. De esas cicatrices no se sale en poco tiempo. Así que ya saben, esta pandemia que hay ahora, ¡un poroto al lado del coronavirus!”
Cuentos de la "post-pandemia" (II)
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