Friday, December 2, 2022

La tristeza infinita del dolor menos importante.

 Escribo esto horas después de que Uruguay haya quedado afuera del Mundial. Los sentimientos son muchos, una explosión de sensaciones que brotan todas a la vez disputándose el protagonismo. Si el fútbol es el opio de los pueblos, muchos estaremos fuertemente intoxicados.

Cómo es que algo tan aparentemente banal puede destruir en noventa minutos a todo un país que se alínea en fila india atrás de un esférico, no seré yo el que lo describa. 

No sé qué tengo para dar ahora, solo sacarme una minúscula fracción del dolor que me deja la trivialidad de la pelota. Porque pita el juez y la gente va a trabajar, y los presos siguen allí y los que tenemos examen debemos agachar la cabeza y seguir estudiando. Porque la vida sigue y nos ocupa tanto como para estar pensando en lo que no nos afecta y no podemos cambiar. 


Podemos hablar y muchos lo harán de todo lo que hizo mal Uruguay como para quedar afuera, transformar nuestra idiotez colectiva por el fútbol en un enojo gigante y circo que deviene en lo peor de las sociedades. Lo cierto es que el aire intelectualoide o teatral que podemos adoptar es un recurso totalmente ineficaz para lidiar con la tristeza que siento en este momento. 


Este escrito no está ordenado porque no es mi intención lograr nada. La expresión desde el lugar más puro, porque no puedo hacer un gol, lo único que sé es escribir. Es un intento inútil por sacarme un poco este lastre redondo que me hunde cuando tengo cosas importantes de las que debo encargarme. No busquemos conclusiones ni formulemos hipótesis, ni compremos humo a un precio que no lo vale. Puedo escribir veinte páginas si quiero. Lo único certero es que Uruguay quedó afuera del Mundial. 


Si el fútbol es el opio de los pueblos, necesito rehabilitación. Por lo menos, hasta que vuelva a jugar la Celeste. 

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